Invisibilización y otras violencias machistas

Artículo publicado en el LEVANTE – EMV el día 13 de agosto de 2026

Elena Garro
Elena Garro
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CITRU Documentación, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

Cada vez son más los artículos de opinión en los que aparece la invisibilización y violencia que a lo largo de la historia venimos sufriendo las mujeres y no solo, como nos quieren hacer creer, las más vulnerables o menos formadas. Aunque, efectivamente, las mujeres que están y/o viven en situaciones más precarias se llevan la peor parte, como cuenta Elena Garro (Puebla, 1916- Cuernavaca, 1998) en Inés (1995). Esta escritora, novelista, dramaturga, guionista y periodista, mantuvo una relación tormentosa con el Novel Octavio Paz. Ella la describió así: “durante mi matrimonio siempre tuve la impresión de estar en un internado de reglas estrictas y regaños cotidianos”. Incluida la represión creativa, su biógrafa oficial, Patricia Rosas Lopategui, señaló, en diversas ocasiones, que Elena le había dicho que Octavio le había prohibido incursionar en el género de la poesía, porque ese era su terreno.

No se trata de casos aislados a lo largo de la historia, sino la historia de muchas mujeres. Gabrielle Münter (Berlin, 1877- Murnau am Staffelsee, 1962), fotógrafa y pintora, una de las creadoras del movimiento artístico muniqués del Blaue Reiter (El Jinete Azul), vio su trabajo relegado a un segundo plano por la fama del que fue su pareja, Kandisnsky. Su relación parece que estuvo marcada por el desprecio de él y la completa admiración de ella.

Otro tanto cabe señalar de nuestra Manuela Ballester (Valencia, 1908- Berlín, 1994), conocida por su faceta de pintora, ilustradora, cartelista, escritora, editora y poeta. Aunque, destacó enormemente por méritos propios, gran parte de su carrera quedó eclipsada por la figura de su marido. A diferencia de los diarios de autoría masculina, los escritos de la pintora valenciana se basan en la cotidianidad y recogen con detalle la organización de la casa y el cuidado de su descendencia, siempre a la sombra de Renau, que pudo hacer su obra, porque Manuela le daba estabilidad emocional y personal.

Son solo tres ejemplos para ilustrar la realidad de las mujeres y sus aportaciones invisibilizadas por un sistema que no les reconoce valor, por muy grande que sea su obra, y deslucidas por sus parejas masculinas. Esto no suele sucederles a los varones.

Recientemente y con el interés de que pudiésemos compartir las opiniones al respecto, un amigo me regaló un libro que ya tiene unos años, pero que no deja de estar en plena actualidad, de Sergio SinayEsta noche no, querida (2004), con cuyo contenido estoy prácticamente de acuerdo. Básicamente, cuestiona los estereotipos masculinos que alejan a los varones de su plenitud como personas en relación con el trabajo, el lenguaje, la paternidad, la sexualidad, el compromiso emocional, la amistad entre hombres, la relación con el cuerpo y la salud, las relaciones con las mujeres y los derechos de los hombres. Sin embargo, en algunas partes del texto se desprende un cierto tufillo de víctimas que tienen algunos hombres porque dicen que cuando se divorcian se quedan sin casa y sin descendencia. Realidad existente, seguramente. Pero, desde luego, no única. Así, se invisibiliza la realidad en la que algunos varones ni quieren cumplir con sus obligaciones económicas ni ocuparse de su prole. Pero, también, otras más terribles en las que siguen haciendo daño a las mujeres y a su descendencia y hasta recurren a la violencia vicaria. Violencia cuyo proyecto de ley acaba de ser aprobado por el gobierno del Estado español y que prevé la privación automática de la patria potestad en caso de condena firme por determinados delitos graves contra las mujeres o descendencia y obliga a escuchar a ésta antes de fijar el régimen de guardia y custodia.

También, me ha contado este amigo que algunos hombres, desde luego grupúsculos muy minoritarios en procesos de formación, creen que solo es posible la reconciliación con las mujeres si sufren lo que ellas han sufrido. Evidentemente, necesitan reflexión, porque parece que no han entendido bien el tema. Desde el feminismo no les deseamos a los hombres el daño que nos han hecho y siguen haciéndonos a las mujeres los patriarcados o sistemas estratificadores de género. Cómo desear a nadie la sangrante situación de las mujeres y niñas afganas. Por ello, no entendemos ni aceptamos, de ninguna manera, que el Parlamento Europeo reciba a los talibanes como si no pasase nada. Si se los invita a Bruselas, se les está dando una especie de impunidad y legitimidad. Cierto es que no se trata del único país donde las mujeres están sufriendo un verdadero suplicio. Pero verdad es también que, desde su toma de poder hace casi cinco años, los talibanes han impuesto un régimen de auténtico terror y violencia contra las mujeres.

Justicia y no venganza… Claro que, dada la terrible situación de muchas mujeres y niñas en el mundo y la violación sistemática y continuada de sus derechos humanos: Justicia ya.

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